La postpublicidad es táctil

Y diréis, ¡qué asquerosamente corporativos que sois! ¡estáis obsesionados! tactil tactil, tic tac tic tac, tactil, tocándolo todo, todo touch… y sí, tenéis razón, pero es que fijaros en una cosa: estamos leyendo el libro Postpublicidad de Daniel Solana y qué nos encontramos? pues que, entre otras ideas muy interesantes sobre el papel de la publicidad en estos tiempos de cambios de vértigo, cuando pensábamos que todo era virtual y que nuestra experiencia táctil se esfumaba porque los materiales con los que trabajamos son más etéreos, resulta que Solana opina que, al contrario, la era postpublicitaria en internet ha devuelto protagonismo al tacto. Él dice que hasta ahora la publicidad podía verse (tv, cine) y escucharse (radio), pero con la “interactividad” que aporta internet se suma el “tacto“, las piezas publicitarias, las comunicaciones en general, se tocan, se manipulan.

No es que integrar el tacto genere más ventas ni comunique mejor, pero es un hecho significativo -especialmente para nosotros  ;-)-

Y seguimos citando a Solana: “El tacto podría parecer un sentido menor, pero no es así. A lo largo de nuestra vida, tocar y manipular resulta básico para construir nuestra relación con el mundo exteiroir. Percibimos el mundo con ojos y oídos, pero ver y oír parecen preceder a algo instintivo más íntimo y sofisticado como el alargar la mano y tocar. La necesidad de reconocer el entorno con nuestras manos queda patente ya en nuestra infancia. Cualquiera que conviva con niños lo sabe. En el salón de casa, lo que más le interesa al niño es el mando a distancia. No tiene colores estridentes y no emite sonido alguno, pero posee fantásticos botones que puede presionar.”

Es cierto que no es que sea muy creativa la manipulación que nos ofrece la publicidad interactiva, ya que se limita al movimiento del ratón y el click. Pero aunque humilde, este gesto resulta determinante: con un solo dedo puedes arrastrar, ordenar, acceder o tirar un documento a la basura. Basta un dedo para decir si o no. Y vamos avanzando… con el iPhone, iPad, dos dedos nos permiten ampliar o reducir imágenes, situarnos en un mapa, decir me gusta o no, compartir, opinar…

La vista opera en las distancia, el oído trabaja en un entorno más próximo, en la periferia del sujeto, pero el tacto es profundamente ínitimo, está en el sujeto, suscita un sentimiento de posesión, de protección, es “mío”.

Pues eso, lo dicho, lo táctil es “nuestro”. ¿Cómo íbamos a dejarlo pasar?

¡Larga vida a lo táctil!

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