Archivo para la categoría Comunicación

Le apostamos una ficha a 2016 ¡Felices Fiestas!

Llámanos ilusos
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¡By the face nos dará trabajo! ¡Cuántas buenas ideas!!!

Nos llegan ideas maravillosas. Gracias. Estamos muy felices cada vez que abrimos el correo y aparecen nuevos emprendimientos con ganas de participar de nuestra iniciativa “By the face”.

Emprendimientos hermosos, solidarios, ecológicos, innovadores, valientes…

La elección será difícil, seguro.

Os mantendremos informados…

Si todavía no sabes de qué va la cosa, tactilestudio se ha inventado esto del By the face para aportar su granito de arena a un proyecto “elegido”. (lee más si quieres) Porque sí, porque nos da la gana, porque para esto no necesitamos ni nuevas normativas, ni subvenciones, ni bajadas de la prima de riesgo, ni rescates bancarios…

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Mar de textos es de la familia

Estamos la Mar de contentos. Y estamos así porque Mar de Textos se ha sumado oficialmente a la familia extendida de tactilestudio.

Con ellos somos más grandes y más sólidos. Con su colaboración nuestros servicios de comunicación se van a la cresta de la ola y podemos zambullirnos en nuevos retos que pasan por la creación y gestión de contenidos en redes sociales, o como se dice ahora, Community Management.

Junto a ellos vamos a concebir estrategias de comunicación, contenidos y acciones que se transformen en valor para las empresas y los profesionales con los que trabajamos.

Bienvenidos sean porque no sólo son profesionales de máxima confianza, periodistas y redactores especializados, honestos, responsables y comprometidos, si no porque además, son amigos.

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Marketing Sostenible por imperativo

El Marketing -a grandes rasgos- ofrece una serie de herramientas estratégicas para organizar la actividad de una empresa hacia determinados objetivos, asentados en una serie de valores… bla bla…
Hay abundante literatura, pero lo cierto es que hasta donde sabemos, el objetivo principal de las empresas es la obtención de beneficios (cuenta de resultados), de modo que el Marketing, en este contexto, actúa como un buen soldado que ofrece herramientas y trucos para cumplirlos.
El Marketing en estado puro es un arma para la guerra, para hacerse lo más fuerte posible frente a los competidores más feroces del mercado, sin dejar escapar ningún detalle, atendiendo todos los frentes… y el trofeo siempre es el mismo, la cifra de negocio, el beneficio…

Su modelo más voraz ha entrado en crisis entre otras razones porque se agotan los recursos, así que aunque a algunos no les guste o les de pereza, es hora de empezar a pensar de otra manera. Pura supervivencia.

¿Sosteni-qué?

Hasta hace muy muy muy poquito tiempo las empresas ni siquiera ponían este término en su boca. La cosa no iba con ellas, la sostenibilidad era un tema de Estado, debatida en foros, que medía esa cosa tan etérea como los niveles de CO2 en la atmósfera…

Pero un buen día el tema entra como el pan nuestro de cada día porque entendemos que todos somos responsables y que cada uno desde su lugar debe tomar partido por la preservación de lo que nos queda en la tierra.

La sostenibilidad es un asunto que nos concierne a todos. La tierra, sus recursos, la dignidad y la supervivencia de las personas está en juego. Nadie puede hacer la vista gorda y además, hacerlo comienza a estar muy mal visto.

Es el momento de hablar de Marketing Sostenible. Pero lo digo con temor. Temo que suceda como pasó hace unos años con la RSE (Responsabilidad Social Empresarial) cuando numerosas grandes empresas aprovechan el momento para realizar campañas que las dejen mejor paradas ante la opinión de sus interlocutores o consumidores, clientes, etc y en ocasiones sólo fue para conseguir beneficios fiscales o un simple lavado de cara…

El Marketing Sostenible debería ser consecuencia de un cambio en la cultura empresarial y no el resultado de una estrategia del departamento de Marketing. Es decir, en la pirámide de decisiones, la voluntad de aplicar estrategias en este sentido deberían ser consecuencia de un replanteamiento ético de la dirección de las empresas. Entender que su actividad y su manera de hacer está en continua interacción con su entorno, y que en todo caso, deben aprovechar las condiciones del mercado para adaptarse y crecer en armonía con éste, evolucionando e innovando desde nuevos espacios de relación con proveedores y clientes.

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Los clientes no son todos iguales

Habría que acabar con esa voluntad de igualarlo todo de una puñetera vez. No todos los hijos son iguales, ni a todos los queremos de la misma manera. No todas las mujeres, ni los hombres, ni los perros, ni los gatos, ni las plantas, ni las empresas, ni los jefes, ni los compañeros, ni los clientes… son iguales.

Ni los clientes… a ellos quería llegar. Me refiero al cliente (empresa) que solicita por ejemplo nuestros servicios de comunicación.

Esos clientes, los reyes, a los que hasta ahora había que rendir pleitesía fueran como fuesen, exigieran lo que exigiesen y de la manera que fuese… “El cliente manda” ¡Cuántas veces lo hemos escuchado!

Esta frase la teníamos tan asumida que resultaba incuestionable. “Manda”

Si queríamos trabajar con ellos, debíamos “obedecer”… “sus deseos son órdenes”.

La verticalidad era norma

Había que “diseñar estrategias y herramientas para ayudarles a conseguir sus objetivos de marketing” Así, con esa absoluta subordinación… así…

Sin poner sobre la mesa temas que pudieran ser comprometidos…

Sin más convicciones que nuestros honorarios a final del proyecto…

Sin medir el impacto de los mensajes y diseños que se derivaban de aquellos sesudos ppt que, muchas veces, se esforzaban por inventar necesidades para esos productos recién salidos del horno y que debían encontrar como fuese un sitio en el gran escaparate del mercado.

Veamos…

El cliente ya no es un ente abstracto, es una persona o empresa con mucho más que una cuenta de resultados. Es un agente complejo y cargado de valores, mejores o peores.

Un poco gracias a las tecnologías, otro poco a la evolución social y evidentemente a la sacudida económica, algo se mueve en la cultura empresarial, un nuevo discurso agita convicciones antiguas y es  necesario establecer criterios más saludables a la hora de establecer relaciones con ellos.

Algunos clientes (a los que nos referimos) ven peligrar ese halo intocable e incuestionable.

Ya no es viable “el todo vale”. La situación general exige una actitud más comprometida y menos decorativa hacia lo social, lo medioambiental.

Es este punto el que marca la diferencia entre unos clientes y otros (al menos para nosotros).

Aquí mandamos todos

Las reglas de juego comienzan a cambiar y ya no nos importa tanto cuánto (factura) sino cómo (hace lo que hace). El valor ya no lo dice sólo el precio. El valor viene dado por otras variables, también medibles por el impacto de su actividad en lo social, cultural y medioambiental.

Los clientes ya no mandan

Con los clientes es necesario un diálogo de tú a tú (Manifiesto Cluetrain). Sin la jerarquía tradicional de uno sobre otro. Desde la horizontalidad. Sólo en ese plano de igualdad es posible poner sobre la mesa las diferencias de criterio, de valores y también tomar partido. Evolucionar.

En definitiva, nuevas reglas de juego más responsables y atentas, aún arriesgándonos a perder facturación, porque no todo pasa por ahí. Si la comunicación es buena, si hay empatía, si hay valores compartidos, el acuerdo se logra con naturalidad, sin esa sensación incómoda de sometimiento y al final, la retribución cobra una nueva dimensión mucho más abarcadora que no tiene que ver con el dinero.

Al reconocer que no todos los clientes son iguales, abrimos la puerta a relaciones más transparentes, confiables y sólidas. ¿No les parece?

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Reflexiones sobre el diseño sostenible o la ética del diseño

O reflexiones sobre la parte que nos toca desde el ámbito en el que nos movemos. Nuestra actividad consiste en brindar soluciones de comunicación, dar visibilidad a nuestros clientes, sus marcas, sus habilidades. Podemos hacerlo de muchas maneras. Podemos, digo y aquí está el centro de la reflexión. El poder.

El poder implica un margen de libertad para elegir una opciones sobre otras. Podemos ser más o menos sostenibles en nuestras elecciones de soportes, modos de impresión, maneras de comunicar, etc. Sin embargo, el “poder” también implica un ejercicio de responsabilidad, es decir, se suma otro verbo: el “deber”.

Y en este caso, se impone una reflexión sobre nuestro “deber” como diseñadores. Una atención especial a nuestros modos de hacer, empezando por casa.

Quizá lo primero que debemos hacer es reconocer que somos profesionales contaminantes, que no hemos medido con suficiente profundidad el impacto de nuestras creaciones sobre las personas, sobre el entorno.

Y no me refiero sólo a usar una tinta o un papel reciclado o tener bombillas de bajo consumo en el estudio o a imprimir de las dos caras o … claro que todo esto es muy importante, como lo es también el mensaje que llevamos a la sociedad a través de esas decisiones y las marcas que avalamos y de la manera que las hacemos apetecibles a los públicos a los que queremos llegar…

Creo que la crisis nos brinda una ocasión excepcional para reflexionar sobre el alcance de nuestra actividad en términos más amplios y la posibilidad de revisar los criterios éticos en los cuales asentamos nuestra labor como profesionales, como comunicadores…

Buscamos inspiración y para empezar os invitamos a leer Sostenible, un manual de materiales y aplicaciones prácticas para los diseñadores gráficos y sus clientes (Aaris Sherin) editado por Gustavo Gilli en 2008.

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Doce preguntas clave para hacer Social Media

Todos quieren estar ahí. Saben por qué. Quieren vender más, conseguir mejor reputación o mayor visibilidad, pero a veces no saben ni cómo, ni cuando ni dónde ni con quien.

Para no ir a ciegas en la estrategia Social Media, lo primero es hacerse estas preguntas…

1.    ¿Sabes exactamente qué herramientas y tácticas utilizar en tu estrategia digital?
2.    ¿Sabes cuándo es mejor recurrir a un Blog, Facebook o Twitter u otras herramientas?
3.    ¿Vas improvisando en tu estrategia o has hecho un plan?
4.    ¿Qué recursos dispones para construir relaciones digitales?
5.    ¿Cuánto estás dispuesto a invertir en ellas en términos de tiempo y dinero?
6.    ¿Qué capacidad dispones para crear contenidos social media?
7.    ¿Sabes cómo monitorear tus acciones?
8.    ¿Conoces profundamente a tu audiencia?
9.    ¿Estás preparado para responder a tu audiencia?
10.    ¿Consigues dialogar con la audiencia precisa?
11.    ¿Qué crees que es primero, dialogar o vender?
12.    ¿Temes las críticas o estás dispuesto a aceptarlas?

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